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domingo, 5 de octubre de 2008Y
Capitulo 1 Cain

Capítulo 1 "La infacia que desaparece..."


Hubo una época de mi vida, que podría decir que viví en la oscuridad, pero no lo hice sumido en ninguna depresión, ni era un “delincuente perdido” como decía mi abuela. Aquella época fue la más hermosa, placentera y delicada que eh vivido; cuando cierro los ojos aun puedo sentir en carne viva los momentos pasados, los mejores años de mi vida.

Pero para contar esta historia, debe ser contada desde el principio, y viajar muchos, muchos años atrás, cuando yo poseía aquella inocencia pura, mi mundo no iba más allá de los brazos de mi madre y de las paredes seguras de mi cuarto. Que maravilloso es aquel momento, sin preocuparse de nada, solo disfrutar de juegos, regalos, cariño expresados a cada momento, totalmente ajeno al mundo real, aquel vil y despreciable mundo de los adultos, que con su arrogancia mansilla cada gota de inocencia.

Mi familia, bella y pequeña, yo, a mis cortos 10 años ya era un señorito de la sociedad, era el mejor hijo, el mejor sobrino, el mejor nieto, y tan solo eso me bastaba bajo la tranquilidad de mi hogar. Vivíamos tranquilos en una casa, de un barrio adecuado a nuestra posición. Yo solía ser un chico tímido, de pocos amigos, siempre educado, no sobresalía en clases por una inexistente inteligencia, pero me defendía bien y no causaba problemas. O eso pensaba yo, como dije mi vida cambio drásticamente, ya a mis 10 años, cuando por un pequeño error de niños, mi tranquilidad se vendría cuesta abajo.

En la escuela, como todas en algún lugar del mundo, hay alguien a quien temer, alguien que se cree dueño, que vive intimidando al más débil, ese alguien se llamaba LeeHwan. Lee era dos o tres años mayor que yo, tipo rudo, todos le temían y nadie con el suficiente valor de enfrentarle, y es por eso que hacía lo que quisiera. Iba yo de vuelta a casa junto con un amigo, cuando tuvimos la desgracia de toparnos con Lee, mi amigo choco con él de frente, yo me quede de piedra pensando que barbaridad haría, estaba muerto de miedo, pero no dije ni una palabra. Lee al principio se nos quedo viendo muy tranquilo, no dijo nada por el choque, mi amigo me hizo una seña para que siguiéramos caminado, pero no me moví, Lee vio mi miedo en los ojos y sonrió, nos hizo una mueca para que lo siguiéramos. Mis pasos eran pesados, como los condenados caminando hacia su muerte. Un silencio sepulcral nos rodeaba, la lluvia comenzó a caer lentamente y yo me preguntaba que pensarían en casa viendo que no llegue a la hora de costumbre. Lee nos llevo por distintas calles, hacia el río, se detuvo justo debajo de un puente y nos miró para que le siguiéramos. Yo ignoraba lo que pensaba, pero tampoco imaginaba lo que tenia pensado, primero pensé que nos daría una golpiza, luego pensé que nos obligaría a cometer alguna fechoría, pero lo único que hizo fue lanzar piedras, una tras otras, le hizo una seña a mi amigo, y este también comenzó a lanzar piedras, al rato me uní yo, y la tarde pasó en silencio. No puedo negar que nos divertimos, pero aún me sentía incomodo acompañando a Lee; en eso nos queda viendo, riendo a sus anchas, noté que algo se rebuscaba en su pantalón, cuando saco un cigarrillo; no podía salir de mi asombro y ya intuía lo que nos obligaría hacer, tampoco me atrevería a negarme. Fue mi primer pecado.



Al volver a casa, sucio, con olor a nicotina y el uniforme fuera de su lugar, me invadió un miedo horrible, sin pensarlo me pare frente a la casa, mis piernas no reaccionaban, un lado de mi quería entrar corriendo, bañarme y lavarme los dientes para abrazar a mi madre, pero el otro lado me decía que me castigarían, no me perdonarían y serian severos conmigo. Cuando volví a tener control sobre mis piernas, di la vuelta completa por el jardín y entre por la puerta de la cocina, como su fuese un vulgar ladrón, entrando a escondidas de mi propia casa, oí que una de las cocineras decía mi nombre, me asuste tanto que empecé a correr. Al llegar a la escalera venía mi madre bajando, con sus ojos bondadosos y asustados posados en mi, ahora si que me sentía indigno, y comencé a llorar, ella asustada corrió hacia mi y con sus brazo intento abrazarme pero no la deje, no permitiría que ella se ensuciara. Por más que me preguntaba que ocurría, me negaba a decirle la verdad y mas lloraba, hasta que una tonta y estúpida palabra salio de mi boca – me caí – basto eso para que me creyera y sobre el olor a nicotina dedujo que me había caído en el centro.

Una vez bañado, limpio y vestido, mi madre me dio un beso en la frente y salio de mí cuarto, el corazón me pesaba, había cometido, a mi juicio tres pecados en un día, yo, que solo gozaba de la buena crianza, de juegos inocentes, ahora era un pecador. Tuve una noche intranquila, al menos una parte de mi tenía la esperanza que al siguiente día todo volvería a la normalidad.

Episodios como ese, se repitieron durante varias semanas, mi esperanza de alejarme de él se desvanecieron al momento que él, en la salida del colegio ponía una mano sobre mi hombro, y con gesto de su cabeza indicaba que lo siguiéramos; todo se venia abajo, y yo me convertí en el mejor de los mentirosos frente a mi madre, me volví el mejor de los ladrones, entrando a escondidas a mi casa, todo parecía una pesadilla de la que quería despertar, pero Lee siempre presente, me hacia recordar que todo era verdadero. Un día, como siempre estábamos bajo el puente, y él con su voz grabe dijo que lo esperáramos. Al rato volvió con una bolsa de género en sus manos, grande, que dejo en el suelo, algo ahí dentro se movía.
- ¿Lee que es eso? – pregunto mi amigo.
Pero solo obtuvimos una amplia sonrisa, y tomaba un palo que estaba en el suelo. Yo no entendía, que estaba ocurriendo, mire de nuevo el bulto que se movía y a la maldad en los ojos de Lee.
- NO!! – grité – NO Lee no debemos…no podemos… hacer esto.
- De que estas hablando – decía mi amigo. En suplica me arrodille a él.
- Por lo que mas quieras Lee olvida eso..
- ¡Cállate! – me dio un empujón y me lanzo el palo – Hazlo!.
Con horror mire el palo y mire a Lee, el sonreía ampliamente y se estaba divirtiendo. Mi amigo parecía no comprender aún lo que ocurría.
- ¡Que estas esperando?! ¡¡HAZLO!!.
- ¡No lo haré!
- ¡HAZLO!
- ¡¡¡DIJE QUE NO LO HARÉ!!!! – Lee me proporcionó una patada en el estómago y me agarró del pelo.
- No te estoy preguntando, dije hazlo.

Oí como mi amigo lanzo un grito de horror, pues había mirado dentro de la bolsa, Lee lo empujo rápidamente y me acerco la bolsa, de ella salio un diminuto gemido. Asustado tome el palo y me puse de pie.
- Hazlo, no me hagas perder la paciencia enano.
- No Kyu! No lo hagas…
- O que... eres gallina… o prefieres que tu mamita se entere de lo que hemos estado haciendo eh?
Lo miré aterrado, acaso seria capaz de ir a mi casa y decirle todo a mi madre, se enteraría que le mentí, y quizás mi padre me castigaría de por vida, no tendría el perdón de Dios. Levante el palo tembloroso, no podía hacerlo, las piernas y mis brazos no me respondían.
- Se me acabó la paciencia niño, hazlo de una vez!- Lee saco una navaja de su pantalón u apuntaba directo a la cara de mi amigo.
- No lo hagas. – seguía rogando él
- Decide enano…. O le pegas a eso o tu amigo...
Me sentía mareado. Volví a levantar el palo y mas gemidos salían del bulto, horrorizado miraba como Lee amenazaba a mi amigo. Entre gritos y amenazadas, lancé el primer golpe, los gemidos se volvieron chillidos. Segundo golpe, chillidos, tercer golpe, chillidos enloquecidos y la risa de Lee – Hazlo callar me decía, cállalo – Cerré mis ojos como si con eso cerrara mis oídos, golpe tras golpe tras golpe. Los chillidos de hicieron agudos… reclamaban piedad, liberación, golpe. Oía la risa de Lee…los chillidos del bulto… yo lloraba. Golpe. ¿Porque no se detenía? Golpe. ¿Hasta cuando duraría?. Golpe. Cállense. Golpe. Cállense…. Golpe. Y vino el silencio.

Agitado abrí los ojos, el palo y el bulto teñidos de un rojo profundo, lo solté horrorizado. Lee reía y daba vueltas a mi alrededor.
- Tienes agallas enano. Muy bien muy bien. – me empujo y caí sobre el bulto, asustado me levante rápidamente pero ya me había manchado también.
- ¿Que has hecho Lee? – le pregunté
- No, te equivocas, ¿Qué haz echo tú?
Miré a mi amigo que estaba acurrucado, también lloraba, era cierto, fui yo, yo estaba con el palo, yo estoy sucio de sangre, yo, únicamente yo. Lee se fue riendo dejándonos solos. Estuvimos ahí sin vernos ni hablarnos por horas. Sentí frío y pensé que era hora de irme, sin decirle nada a mi amigo. Solo me marché. Pero como enfrentaría mi familia ahora, pase cerca de una iglesia y me avergoncé de mi mismo, creía que todos en la calle me apuntaban con el dedo. ¿Qué había echo?, todo resultaba confuso, pero no podía estar mal, sabia lo que pasó, termine con una vida, con un inocente, ahora era un asesino.
Tan solo pensar en aquella palabra me paralizo por completo, el miedo que sentía de seguir andando, las piernas no me respondían, era tarde ya, para un niño de 10 años, solo a esa hora, tendría que ser extraño. ¿Por qué no venían por mi?, porque a los asesinos nadie los quiere; la lluvia no tardó en llegar, mis pasos se hacían mas pesados a medida que me acercaba a terreno familiar. Que dirá mi familia sobre tener un asesino… que dirá mi ma… mi madre. Pensar en ella, me agotó las fuerzas y caí rendido en el suelo mojado. Sucio, ensangrentado y embarrado, lloraba con todas las fuerzas de mi pequeño cuerpo. Casi no oía, ni veía por las lágrimas. Alguien me alzó del suelo, me tomaba de la cara me la limpiaba, su rostro era de angustia. Creo que me hablaron, pero solo dije – me caí- solo eso pude decir, sentí la calidez que rodeaba mi cuerpo, después todo se volvió oscuro.

Tres días pase en cama, había pescado un resfrío, la fiebre me hizo decir todo lo que había ocurrido, pero entre balbuceos; el medico dijo que eran delirios causados por la fiebre, por supuesto que no me creyeron ni una palabra. Mi madre me cuido todo el tiempo, no podía mirarla. Cuando me sentí mejor y la oía entrar, prefería hacerme el dormido, entonces ella vendría, me arroparía, me hacia cariño en la cabeza y se iba. A la semana ya estaba completamente recuperado, todo lo vivido antes solo me parecían un mal sueño, una pesadilla, eso si, aun temía a mi madre pero ya podía estar cerca de ella, si tan solo pudiese quedarme así el resto de mi vida, bajo sus cuidados. Ni Lee podría traspasar aquel muro de bondad que era mi madre.

La escuela tendría que enfrentarla de todos modos, por mucho que rogué en no volver, mis suplicas fueron tomadas como caprichos de niños y mis miedos en fantasía. Otra vez, estaba en clases, me entere que a mi amigo si lo trasladaron de escuela, estaba solo, y temblaba con tan solo sentir la presencia de Lee. Los días que entre a escondidas a casa me fueron de utilidad, la técnicas las usaba en la escuela para huir de Lee, no quería que me encontrara, a las salidas, siempre esperaba que todos se fuesen y que él se aburriera de esperarme.

Un día, la solución a mis problemas con Lee, llegarían del ser mas inesperado. En la semana que falté, había llegado un alumno nuevo, creo que tenía 12 o 13 años, todos hablaban de él, por los pasillos comentaban, hasta los profesores murmuraban, todos. Yo no le tome importancia, hasta que me lo tope de frente, frente a la biblioteca, yo venia escapándome de Lee y él saliendo con uno o dos libros en la mano.

Cuando me lo topé, me quede impresionado, sus ojos marrones se posaron en mi, tenia la mirada triste, pero su cara mostraba tranquilidad y su boca torció un sonrisa amable, no podía ser un niño, impecable presentación y de excelentes modales, bien derecho. Su presencia parecía la de un adulto. Con razón y todos hablaban de él, era raro, muy raro. Inclino su cabeza, como saludo y yo torpemente se la devolví y seguí mi camino cuando oí.
- Ten cuidado por donde tropiezas KyuHyun.
Me sorprendí al oír mi nombre y lo miré, pero el ya me daba la espalda y volvía a entrar en la biblioteca. ¿Acaso oí mal? Él dijo mi nombre, ¿como era posible que él supiera mi nombre?


Fin del Capítulo

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